Del rugby a la aspiradora acuática autónoma, Alan D’Alfonso Peral transformó el ensayo

Du rugby au drone aquatique, Alan D'Alfonso Peral a transformé l'essai

Le damos la bienvenida a nuestra segunda entrega de nuestra reciente serie, La Linda Historia. Dada la naturaleza de nuestro oficio, estamos en contacto con muchos empresarios. La pasión que ellos tienen, su dinamismo y su determinación nos hace reflexionar diariamente.

Para este nuevo episodio, tuvimos una larga entrevista con Alan d’Alfonso Peral. Un apasionado incondicional del rugby y del velerismo, Alan saca su energía de sus aficiones para concientizar y educar sobre los peligros de la contaminación de las aguas.

Él nos confía su recorrido empresarial, desde sus comienzos a temprana edad hasta el nacimiento de su start-up francesa. Gracias a su ingenio y tenacidad, Alan inventó un sistema revolucionario: la primera aspiradora marina.

Alan, usted nació en Argentina. ¿Nos podría contar un poco más sobre su recorrido desde sus inicios en América del Sur hasta la actualidad en Francia, y hablarnos también de sus aficiones?

Sí, ciertamente nací en Argentina. Desde muy chico, siempre estuve en contacto con el mar. Navegaba y hacía regatas con mi papá. ¡Desde los 7 años, ya era optimista y lo llevaba con entusiasmo!

Más tarde, comencé mis estudios de medicina. En 2003, al ser mi papá radiólogo, abrimos una franquicia de clínicas que daban acceso a realizar ultrasonidos en 4D. Pero a mis 18 años, me fui a Johannesburgo, a Sudáfrica, con el equipo de rugby argentino -19 de los Pumas.

Apasionado desde siempre por este deporte en equipo, mi selección internacional estaba concretizando años de entrenamiento. Tengo que confesar que el rugby siempre ha ocupado un lugar especial en mi vida. Para mí el rugby representa una manera de vivir que trasmite verdaderos valores. Solamente los médicos, los ingenieros o los abogados podían jugarlo en mi país natal. En aquella época, era un deporte caro, no todo el mundo podía darse ese lujo.

Esta experiencia en Sudáfrica fue muy dura. Este período de mi vida me marcó mucho porque yo nunca había estado frente a una política de segregación racial. Yo llegué a Sudáfrica 5 años después del Apartheid y, a mis 18 años, todo fue realmente duro. Además que, en mi Argentina natal, no había muchas personas de raza negra.

Regresé luego a mi país para continuar con mis estudios de medicina. En 2007, fue la Copa mundial de rugby en Francia. Todos mis compañeros estaban jugando en la selección nacional. Entonces uno de ellos me dijo: “Mirá Alan, hay un equipo en Guéret que está buscando un segundo de línea. Te van a pagar el pasaje aéreo. Vos jugás algunos partidos durante 3 meses, ¡y luego ves los de la Copa mundial con nosotros!”

Me recibieron tan bien en Guéret, que hasta terminé la temporada. Así que puse mis estudios en pausa, ¡muy a pesar del desespero de mi mamá... ! Sin embargo, lo que yo quería, era obviamente jugar rugby y descubrir el mundo. Entré en un equipo de la región de París y, paralelamente, abrí un bar de tapas a 50 metros del Louvre. Era bárbaro y el bar estaba marchando muy bien, ¡pero yo era más deportista que una persona de vida nocturna!

A finales de 2010, paré todo y me regresé a la Argentina. Era el momento preciso para mí, había hecho algo de dinero y sentía que estaba listo para terminar mis estudios de medicina. Me quedaban 8 meses para graduarme de radiólogo, pero extrañaba Francia, Guérit en realidad, que era donde estaban viviendo mis amigos.

Después de varias temporadas como jugador profesional de rugby, me atrapó rápidamente mi segunda afición: el velerismo. Así que compré un barco y comencé a navegar por el Mediterráneo, yo solo. Necesitaba estar solo para reflexionar. El año siguiente, me instalé en Lyon, luego en Vienne, siempre por amor al rugby.

¡Usted es un verdadero trotamundos! ¿Pero no es solamente su alma de aventurero que le ha permitido tomar conciencia de la contaminación de las aguas?

Yo quería vivir nuevas experiencias, ¡y por cierto, ese sigue siendo el caso! Trabajé para el gobierno municipal, fui profesor de español, hice muchos trabajitos mientras continuaba recorriendo los mares y océanos. Y fue así, haciendo buceo con amigos que decidí crear la asociación Recyclamer.

De hecho, en 2010, cuando regresé a la Argentina, había hecho el viaje en barco a motor. Atravesando el Atlántico, me sorprendió muchísimo ver tanta basura en la superficie del agua. Es necesario saber que un 75 % de lo que se desecha en los mares y océanos va a parar en sus profundidades. Es una catástrofe mundial.

Y es por esta razón que fundé la asociación Recyclamer en Guéret con dos de mis compañeros de rugby. Quería concientizar y educar a las generaciones futuras.

La asociación nos ha permitido limpiar muchas de las playas y de los puertos, no solo en Francia, sino también en España. Fue allí donde tomé conciencia de toda la dificultad que representa esta limpieza. Por ejemplo, en los puertos donde buceábamos, teníamos que recoger los desechos con las manos ¡cuando no veíamos siquiera el fondo marino!

Para concientizar a la población, poníamos el barco de la asociación en el puerto, instalábamos banderas y puestos de información, al igual que pantallas de televisión para mostrarles imágenes concretas a los niños.

Alan, usted fue un poco más allá con sus acciones de limpieza para proteger los ecosistemas de los océanos al crear una verdadera joya tecnológica. ¿Cómo llegó usted a concretizar este sueño?

Se tenía que hacer más por la asociación, encontrar un sistema para recolectar los desechos antes de que estos se fuesen al fondo y mientras estábamos buceando. Busqué por Internet, pero no encontré nada.  No existía nada.

La única opción posible era la recuperación de la basura flotante con un salabre a bordo de una lancha de motor. Entonces fui a un liceo técnico en el que había trabajado anteriormente. Les expliqué que se necesitaba crear un sistema propulsado con energía solar para filtrar el agua y atrapar los desechos en la superficie del agua.

"El dinero no es un problema: ¡yo no tengo miedo! Y fue eso exactamente lo que les dije a los inversionistas."

 

Pero eso parecía misión imposible para todo el mundo. Instalado en mi casita de campo en Creuse, yo tenía la idea, pero no sabía como hacerla realidad.

Hasta el instante en el que decidí comprar unos paneles solares y todos los componentes necesarios. Uno de mis amigos de rugby me echó una mano para ensamblar mi “contenedor de basura marino”. Para mí fue bárbaro. No solamente porque eso era una recolección de basura sin contaminar, sino sobre todo porque yo sabía que esta innovación sería revolucionaria.

Desde la idea inicial al registro de las patentes, la realización del prototipo nos tomo 8 meses. Finalmente pudimos hacer nuevamente un tour por los puertos de Francia y España para trabajar más a fondo en el proyecto.

Alan d'Alfonso Peral

Poco a poco, los medios recibieron noticias de nuestra innovación. Entonces, comencé a recibir llamadas de distintos puertos que querían comprar nuestro sistema, as[i como también llamadas de grandes empresas para industrializar el producto.

Fue así como pude entrar en contacto con la universidad de Limoges y la de Ensil, con la escuela de ingenieros, para desarrollar el proyecto.

Tenía entre las manos un prototipo que había realizado yo mismo, pero eso no era suficiente. Se tenía que enriquecer el concepto antes de comercializarlo. Así fue como nació Recyclamer, el primer robot solar con un sistema autónomo de energía capaz de recolectar los desechos sólidos y líquidos gracias a un sistema innovador de aspiración. 

¿Usted transformó su asociación en una start-up, al mismo tiempo que llevaba a cabo sus acciones de concientización? Debe sentirse algo orgulloso ¿no?

Naturalmente, en julio de 2018, creé mi empresa de la cual sigo siendo el Presidente. En su momento, yo era el único asociado, hoy en día, somos varios quienes la dirigimos.

Alan d'Alfonso Peral

Mi sueño se cumplió, sigo limpiando, educando y concientizando. Es increíble, desde el momento que el robot entra en el agua, todo el mundo se acerca y mira con atención este aparato de pequeño tamaño que no contamina, y es completamente autónomo. Para mí, es una inmensa satisfacción suscitar tal atención y un interés real. ¡Sí, estoy orgulloso de mi producto!

 

"Tengo una hija, y no quiero que dentro de 30 años ella me diga: Papá, ¿qué hicieron ustedes con la naturaleza?"

 

Es por todas estas razones que la asociación sigue estando abierta, puesto que mantengo mi misión de concientización.

Para mí es vital, se tiene que educar a las nuevas generaciones, hacerles entender que es su deber proteger el medio ambiente de una manera sustentable

Un bolígrafo de aluminio tiene un período de degradación en el mar de 100 años. El de una bolsa de plástico es de 450 años. ¿Recyclamer tiene la capacidad suficiente para aspirar los innumerables desechos?

Alan d'Alfonso Peral

Es una buena pregunta, puesto que si Recyclamer actualmente se comercializa solamente en tamaño pequeño, estoy ya en las preparaciones del tamaño mediano para 2020. ¡Un aventurero nunca se detiene en un camino tan bueno! El de tamaño pequeño tiene dimensiones de 1,40 m por 90 cm, así que solo podemos recolectar unos 200 litros de basura. Ahora bien, Recyclamer puede aspirar todo: colillas, latas de aluminio, vasos y bolsas plásticos, ¡y más!

Mientras que otros sistemas que se pueden encontrar en Internet no son más que salabres robotizados.   En otras palabras, es nada más un salabre con dos flotadores que se impulsa, sin la posibilidad de hacerlo retroceder puesto que los desechos se saldrían de la red. Estos aparatos no atrapan tampoco las capas de desecho de hidrocarburos, mientras que nuestro sistema sí las aspira.

Actualmente tenemos pedidos a nivel mundial. También tengo como objetivo desarrollar el de tamaño grande para ir a gran escala y hacer un verdadero trabajo de fondo. Cuando ocurre un derrame de petróleo, por ejemplo, podrían definirse las zonas a tratar con la ayuda de un GPS, y luego enviar un Recyclamer para que trabaje en toda autonomía. Ya no se necesita personal, nuestro robot marino hará su trabajo en toda autonomía y utilizando energía solar.

Instalados en un gran edificio, nos beneficiamos al tener 400 m2 de taller para montar, ensamblar y entregar nuestras aspiradoras marinas contando con un equipo dedicado de unas veinte personas. Tenemos también la suerte de tener el río Vienne cerca para efectuar allí las pruebas. Un marco ideal para realizar todos nuestros proyectos.

El rugby tiene un lugar preciado en su vida de empresario, ¡y parece ser el origen de un liderazgo realmente natural!

¡En realidad sí, yo hablo mucho de rugby! Porque el rugby transmite muchos valores, en particular el respeto a los miembros del equipo y al entrenador. Somos 15 jugadores en la cancha con un capitán que toma las decisiones, pero de no jugar todos mancomunadamente, no se puede ganar.

Formamos un verdadero equipo en el que todo el mundo sabe lo que cada uno tiene que hacer para que todos salgamos adelante. Yo fui el capitán en todos los equipos profesionales en los que estuve y donde evolucioné, y a veces también fui entrenador. No sé por qué, ¡pero la gente me sigue fácilmente!

Obviamente, yo sigo jugando rugby. Es un deporte que me ha dado mucho y yo tengo aún mucho para darle. Quiero trasmitir sus valores a los más jóvenes, eso es de suma importancia para mí. 

¿Podría contarnos un poco sobre la competencia de Recyclamer y decirnos lo que usted piensa de ella?

Actualmente tenemos dos competidores directos. El primero se llama “Jelly boat fish”. Es una solución bastante sencilla pilotada por un radiocontrol remoto, pero que no proporciona ninguna innovación. ¡Es un juguete! Mientras que cuando yo me imaginaba un sistema para recolectar desechos no quería tener que recurrir a la electricidad. Quería más bien un sistema innovador que captara la atención sin contaminar.

El segundo competidor se llama “Wayshark”. Creada en 2018, es una empresa neerlandesa que propone un sistema de salabre, pero que todavía no es autónomo. No se puede hacerlo retroceder y es bastante difícil vaciar la cesta. Así que no es un aparato adaptado a los puertos.

La ventaja de Recyclamer es que sabíamos ya qué era lo que queríamos exactamente. Ya habíamos limpiado esas aguas estancadas con la asociación, ¡pero yo ando recorriendo los puertos desde que tenía 7 años!  Pude ver con mis propios ojos las dificultades por las que pasan las personas que recolectan desechos, ¡es mi afición! Desarrollamos Recyclamer pensando en todo momento en el usuario, a fin de simplificarle la tarea.  ¿Cómo vamos a vaciar la cesta? ¿Qué tipo de capacitación necesitará?

 

"Hoy en día es bueno que haya competencia, ¡eso demuestra que hay un mercado!"

 

Estoy convencido que Recyclamer es un robot superior desde todo punto de vista. ¡Y no soy yo quien lo afirma, son los clientes! Actualmente, tenemos pedidos fuera del territorio francés. Tenemos pedidos que provienen de Italia, de España, de Bélgica, de los Países Bajos, e incluso del Reino Unido. Tengo como objetivo reforzar mi equipo para abrir el mercado al mundo entero. A finales de 2019, emprenderemos nuestra conquista del mercado en Asia.

Recyclamer en tamaños pequeño, mediano y grande, pero posteriormente, ¿a qué nuevos retos se va a lanzar usted para satisfacer su vocación de proteger la naturaleza?

Para comenzar, voy a seguir desarrollando el de tamaño grande para ir a gran escala.  Yo creo que con eso tendré para 3 o 4 años. Pero lo más importante es seguir concientizando. Recorro cientos de kilómetros con mis robots acuáticos.

Mientras más limpie los puertos del mundo, tendremos menos desechos que saldrán de la costa hacia el océano. Es mi aporte al planeta, y es una verdadera vocación.